Crisis Globales

Una crisis es un cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados  Los catástrofes naturales (terremotos, maremotos, huracanes, tifones, inundaciones, sequias…), las pandemias, las hambrunas, él éxodo de población o los conflictos armados, entre otros fenómenos, causan cada vez con mayor frecuencia y magnitud un incalculable sufrimiento humano en muchas partes del mundo, especialmente en los países más empobrecidos y con mayor vulnerabilidad ante los efectos de los devastadores fenómenos.

La aparición de uno de estos fenómenos (naturales, tecnológicos o bélicos) supone una grave perturbación en el funcionamiento de las sociedades, causando numerosas pérdidas humanas, materiales y medioambientales, que exceden de la capacidad de los afectados para afrontarlas en el espacio y en el tiempo. La vulnerabilidad de los contextos afectados por las crisis globales, se relaciona tanto con el riesgo de exposición de éstos eventos sobre las poblaciones, la capacidad de resiliencia de los mismas para afrontar la crisis (es decir adaptarse al medio y resistir o sufrir graves consecuencias a causa de ellas), la gestión que hagan los Gobiernos para gestionarlas así como la capacidad de recuperación de las sociedades afectadas.

Las crisis también repercuten en todos los ámbitos, castigando a los colectivos más vulnerables y a las sociedades menos desarrolladas:

1) En el ámbito económico, se producen efectos directos sobre los bienes materiales de la población afectada, efectos indirectos sobre la producción y la prestación de servicios a la comunidad y efectos secundarios sobre la tasa de crecimiento.

2) En el ámbito político, en el contexto nacional pueden aparecer discrepancias entre la gestión del Gobierno y la oposición o los agentes sociales; Asimismo en el ámbito internacional pueden producirse tanto críticas a la forma de coordinar la emergencia, como aparecer conflictos económicos y geopolíticos en las zonas castigadas, que evidencian en muchos casos la fragilidad del propio Estado.

3) En el ámbito social y cultural, los desastres producen graves alteraciones sobre las infraestructuras educativas y sanitarias con importantes consecuencias sobre la salud, las rutinas y la vida de las personas.

En situaciones de emergencia, las instituciones políticas y administrativas ponen en marcha respuestas humanitarias más o menos rápidas y más o menos adecuadas, influenciadas en muchos casos por la magnitud que alcanzan determinados desastres en los medios de comunicación. Sin embargo, estas intervenciones deben producirse de forma inmediata y coherente, teniendo en cuenta las políticas de desarrollo a medio y largo plazo.

Las herramientas que en cualquier caso deben ponerse en marcha en situaciones de normalidad son la prevención (que es la aplicación de medidas para evitar que un evento se convierta en un desastre) y la mitigación del riesgo (que son medidas para reducir la vulnerabilidad frente a ciertas amenazas). Estos instrumentos de protección que deben gestionarse desde las autoridades pero también a nivel individual y comunitario, comienzan por conocer cuáles son las amenazas y ser conscientes de los riesgos a los que estamos expuestos, reflexionar y planificar lo que podemos hacer en cada caso para autoprotegernos y seguir fielmente las instrucciones y recomendaciones de quienes coordinan la emergencia.